Pero no todas tienen final. Hay historias que acaban sin terminar, hay otras que parece que van a perdurar siempre. Lo que es seguro es que todas tienen un comienzo.
¿Y qué pasa si no entiendes el comienzo de tu propia historia reciente? El comienzo existe, de eso no cabe duda. Siempre lo hay. Pero puede ser tan incomprensible que te sea necesario repasarlo 1000 veces en tu cabeza, que reconstruyas cada paso para descubrir ese comienzo que parece tan difuso, pero siempre algo se te escapa.
Estrellas, columpios, sueños, largas conversaciones y cientos de besos intercalados entre cada momento. Sí, recuerdas todo, todo lo que viste. Lo recuerdo, pero no puedo recordar lo que no vi. A veces las cosas empiezan a ser especiales sin proponérselo y algo que creías podía ser malo, se torna lo mejor que te ha podido suceder en la vida. Y aún así, no entiendes cómo llegó a ser eso. Faltan detalles fundamentales, detalles que no se pueden extraer sólo de los actos, de los momentos reales, detalles que van más allá.
¿Y si esos detalles llegaron antes, en un tiempo que ni siquiera eres capaz de recordar? Al fin y al cabo, nadie puede recordar toda su infancia.
Grandes o pequeñas, empiezan por el principio. Y muchas veces no tienen final.
