jueves, 20 de septiembre de 2012

Sin fecha de caducidad

A lo largo de nuestra vida, todos nos acostumbramos a echar de menos a alguien o a muchos en mayor o menor medida.

Echamos de menos a nuestra familia cuando por razones de estudios o trabajo no podemos verles. Echamos de menos también a nuestros compañeros de clase durante las vacaciones y a todos los amigos del pueblo durante las clases. Echamos de menos a esa persona especial siempre que esta lejos; y desde luego echamos de menos a todos nuestros gordines al llegar septiembre.
De todos modos no pasa de ser algo temporal. Podemos pasarlo mejor o peor, nos puede ser relativamente fácil o muy difícil aguantarlo. Pero siempre hay una fecha límite, aunque esta nos parezca demasiado lejana.

Existe otro echar de menos más importante. Uno que no se puede llenar de ningún modo. Es un echar de menos distinto a estos. Es más difícil de demostrar pero también es más intenso. Es ese echar de menos continuo, ese que no deja que pase un día sin que pienses en esa persona. Que te preguntes en cientos de situaciones "¿y si estuviera aquí?"... No tiene fecha de caducidad, tan sólo preguntas sin respuesta. Y una sensación de injustucia que no se puede borrar.
¿Por qué? ¿Por qué hace ya 9 meses que no puedo ver una sonrisa tan maravillosa? Te eché de menos este verano, aunque casi con miedo de decir tu nombre. Pero a todos nos pasa lo mismo. Duele. Duele saber que podemos mencionarte, recordar miles de momentos simplemente geniales, pero que no los volveremos a vivir.


Prometo que de ese dolor sacaré 1000 sonrisas, como las que tú me sacaste. Sonrisas que tampoco tienen fecha de caducidad.

Te echo de menos Eric, pero sé que aunque no te vea, un poquito de ti siempre está conmigo. Gracias una vez más por haberte dejado conocer.

lunes, 21 de mayo de 2012

Tan cerca que no corra ni el aire...

Si hay algo que no se puede negar es que todas las historias, grandes y pequeñas, tienen un principio. En realidad en ese momento ni siquiera se puede hablar de historia grande o pequeña, nadie sabe lo que le va a deparar el futuro.
Pero no todas tienen final. Hay historias que acaban sin terminar, hay otras que parece que van a perdurar siempre. Lo que es seguro es que todas tienen un comienzo.
¿Y qué pasa si no entiendes el comienzo de tu propia historia reciente? El comienzo existe, de eso no cabe duda. Siempre lo hay. Pero puede ser tan incomprensible que te sea necesario repasarlo 1000 veces en tu cabeza, que reconstruyas cada paso para descubrir ese comienzo que parece tan difuso, pero siempre algo se te escapa.
Estrellas, columpios, sueños, largas conversaciones y cientos de besos intercalados entre cada momento. Sí, recuerdas todo, todo lo que viste. Lo recuerdo, pero no puedo recordar lo que no vi. A veces las cosas empiezan a ser especiales sin proponérselo y algo que creías podía ser malo, se torna lo mejor que te ha podido suceder en la vida. Y aún así, no entiendes cómo llegó a ser eso. Faltan detalles fundamentales, detalles que no se pueden extraer sólo de los actos, de los momentos reales, detalles que van más allá.
¿Y si esos detalles llegaron antes, en un tiempo que ni siquiera eres capaz de recordar? Al fin y al cabo, nadie puede recordar toda su infancia.



Grandes o pequeñas, empiezan por el principio. Y muchas veces no tienen final.

domingo, 11 de marzo de 2012

Cómo encontrar...

Nunca me ha gustado perder cosas. Por poca importancia que tengan, el hecho de haberlas perdido me hace tener la sensación de no haberlas cuidado bien, de no haberle dado la suficiente atención. Si son cosas de valor, especialmente sentimental, es aún peor. No me gusta perder ese anillo que me regaló una amiga, aunque ahora apenas me hable con ella, no me gusta perder ese peluche de cuando era pequeña aunque lleve años sin verlo, no me gusta perder un cuaderno lleno de frases absurdas que escribí a los 12 años.
  
Pero es peor perder personas.
Puede que mantener las amistades sea más difícil de lo que yo pensaba y la distancia haga mella. No hace muchos días me dijeron que había cambiado. Lo que no sé es si para bien o para mal. Creo que he de suponer que para mal si tal cambio significa perder.
Antes todo era más fácil: estar todos los días ahí parece más sencillo si ves todos los días a las personas que necesitas y te necesitan. Ahora parezco haber... olvidado. Pero, ¿cómo voy a olvidar a personas que han significado los mejores momentos de mi vida? ¿De dónde sale tal egoísmo? ¿De verdad estoy llegando a olvidar? Desde luego he superado muchas cosas en los últimos meses, pero ¿por qué me da la sensación de que dejo perder cosas que no tengo que superar? ¿Estoy perdiendo aposta y sin razón? ¿Cómo pararlo? Si de veras lo llego a perder, ¿seré capaz de recuperarlo?
  
Y luego están las pérdidas inevitables, aquellas sobre las que no tenemos el más mínimo poder. Y lo que es peor, las irreversibles. Especialmente si son de personas.
Imposible de aceptar, aunque parezca que sí, siempre vuelve ese pequeño gusanillo que nos dice "no es justo". Y sabemos que tiene razón. Imposible de comprender. Imposible de olvidar. 1 minuto y todo cambia. ¿Y si sabes que se avecina otra de esas, que no puedes hacer nada?
  
Lucharé por no perder aquello que puedo mantener conmigo todavía.

domingo, 15 de enero de 2012

Nervios (de los malos)

De repente casi todo va mal. La presión de las fechas cercanas es mucha, y siento que no puedo seguir estando en el mismo lugar que hasta ahora. Todo se mezcla. ¿Soy yo, son ellos o la situación? Me da igual.
Al final no sólo necesito personas, también lugares. Y hay personas a las que definitivamente no necesito.
¿Adaptación? No así, yo no. ¿Por qué aguantar aquello que sabes que está haciéndote daño? ¿Por qué querer ser fuerte cuando uno no puede dar más de sí? No, esta vez escapo y sálvese quien pueda.

¡Hay tanto idiota ahí fuera!