De momento, asumiendo que llevo muchas horas tratando de dormir o al menos de tener sueño, y que ya es hora de rendirse. En esta cuestión es verdaderamente muy sencillo decidir. Simplemente se trata de levantar la cabeza de la almohada, olvidar todo lo que tenga que ver con descansar y dedicarse a otra cosa. Y puede que esto resulte menos enervante que intentar dormir sin tener sueño.
En otras cuestiones en cambio el asumir o no no se trata de una decisión propia tomada fácilmente. Hay cosas (no muchas, o al menos no muchas a las que yo les de verdadera importancia) que son muy difíciles de asumir, y ahora mismo se me presentan no una, sino dos.
La primera es la de siempre, esa cuestión que lleva meses (por no decir años) en mi cabeza y que no termina de salir a pesar de que en el más recóndito rincón de mi cerebro sé que es imposible (por mucho que diga cierto hermano mío que SIEMPRE hay que mantener la esperanza). Razón del título del blog entre otras cosas (innegable es que la frase resulta preciosa). Pero no es verdaderamente lo que me preocupa ahora, aunque sí contribuye en gran parte a no dejarme dormir. Resulta absurda la gran influencia que puede llegar a tener una persona sobre otra sin ni siquiera quererlo (y puede que ni saberlo).
La otra cuestión, y la que verdaderamente me trae de cabeza es esa que me asola desde el día 30 de Junio a las 13:00. ¿Qué cojones voy a hacer con mi vida? Realmente no tenía mucha fe de poder conseguir lo que quería, pero existía ese resquicio de esperanza que siempre hay en todos los corazones que esperan algo, valga la redundancia (la esperanza es de los que esperan, de quién si no). Esperanza, eso que a pesar de todo el daño que hace dicen que no hay que perder. Yo la mantuve, y ahora mismo me encuentro con que no puedo estudiar eso que realmente quiero, que por mucho que lo intenté no sirvió de nada. Que había otros mejores que yo. Y vuelvo a decirme, ¿qué cojones voy a hacer con mi vida?
Me niego a la condena de estudiar algo que no quiero y dedicarme a ello toda la vida. Eso sí que sería de locos. ¿Y qué hago? Hay quien dice que deje este año y vuelva a intentar entrar a hacer lo que quiero el año que viene, pero ¿y si tampoco lo consigo? No puedo permitirme eso. ¿Y comenzar otra cosa? Empezar a estudiar algo distinto, el año que viene volver a intentarlo, y si no lo consigo... seguir. Al menos tendré algo.
De cualquier manera, Salamanca ya parece inevitable, y eso aunque parezca mentira, me da un pequeño brillo de seguridad en el mar de dudas en que ahora estoy sumida por unas u otras razones. Al menos hay algo a lo que poder aferrarme, la seguridad de salir de aquí, aunque realmente no sea como yo quisiera...
Creo que todavía no es la hora de asumir ninguna de estas cuestiones, de momento no voy a rendirme. Respecto a la última, estoy decidida de que volveré a intentarlo. Sobre la primera... simplemente no me apetece. Quiero ser ilusa al menos durante dos meses más.
Bienvenido a mi vida :)
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