Muchas veces me pasa que estoy escuchando una canción y me parece que se refiere exactamente a mi situación actual, que describe perfectamente todo lo que estoy sintiendo en ese momento. Salen frases que te comprenden perfectamente por todas partes, al menos a mí me pasa. Da igual que escuche música triste, que alegre... Casi todas las letras tienen su detalle que sacar.
Ojos que no ven más allá, llévame al baile...
Una frase que por instantes (ya duraderos) parece definirme perfectamente. Ojos que no ven más allá... ya podían ver esos ojos. Supongo que por mucho daño que la esperanza me haga no terminaré de perderla.
Es absurdo, pero lo sé. Hay momentos (muchos) en los que lo único que desearía sería que esos ojos se volvieran hacia mí, que decidieran bailar conmigo otra vez. Y puede que lo que más rabia me de de todo sea la sensación de no poder, de no haberlo intentado lo suficiente después de todo. Me mata la sensación de lejanía y del propio olvido que me invade por momentos. Si a mí me llega en ciertos ratos del día, o de la semana... no quiero imaginar lo que hace el olvido con esos ojos que no ven más allá de sus narices. Claro, que yo en el momento que los vuelvo a ver delante de mí, con o sin una sonrisa que los acompañe, me olvido del olvido y noto cómo mi corazón late rápido otra vez.
Ojalá también les llegara el recuerdo en el momento que me ven y pensaran que ya es hora de llevarme otra vez al baile, aunque sólo sea una ilusión. Pero quizá sean demasiado buenos como para jugar pudiendo hacer daño.
Lo que puede llegar a dar de sí una sola frase de una única canción.
...dime, ¿qué te cuesta decirme vale?
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